Metodología
Este sitio afirma algo comprobable: que los sucesos que la prensa presenta como casos aislados forman un patrón, y que los medios omiten datos de forma sistemática. Una afirmación que no puede fallar no es una afirmación. Aquí está lo que se cuenta, con qué se divide cada cifra, qué sesgos tiene y —al final— qué resultado la desmentiría.
Antes que cualquier cifra: cuál es la unidad y de dónde sale.
Un hecho que cubren ocho medios es un punto en el mapa, con ocho enlaces. Contarlo ocho veces convertiría este sitio en un medidor de cobertura mediática disfrazado de mapa de criminalidad: lo espectacular aparecería multiplicado y lo cotidiano, una sola vez. La fusión la decide un modelo comparando lugar, fecha y contenido del artículo, y sólo entre candidatos cercanos en el espacio o muy próximos en significado.
Consecuencia directa, y conviene tenerla presente al leer cualquier gráfico: que un suceso lo cuenten muchos medios no lo hace más grave aquí. La gravedad la pone un baremo aparte, publicado en transparencia.
Cuando el mapa o un gráfico colocan un suceso en el tiempo, usan la primera de estas tres que exista. El orden importa, y el reparto real está en la tabla de abajo:
La fecha que da la propia noticia, y sólo si la da con todas sus cifras. Cuando el artículo dice «el pasado martes» y nada más, se queda vacía a propósito: antes eso que una fecha deducida.
El día en que se publicó la noticia, tomado de la propia página o de la fecha que el medio escribe dentro del enlace. No es cuándo ocurrió, pero es una fecha del mundo, y en una noticia de sucesos suele ir a un día o dos del hecho.
El día en que el rastreador pasó por allí. Es el último recurso y el único que no dice nada del suceso: son los medios que no fechan ni la página ni el enlace. Léelos sabiendo que su posición en cualquier serie temporal es nuestra, no suya.
Ese tercer escalón conviene mirarlo con recelo, y por eso se publica su número. Hasta el 31 de agosto de 2026 no existía el segundo, así que la mitad del archivo caía directamente al tercero y aparecía amontonada en el día de la carga: la cronología del mapa decía «aquí pasó todo» un día en que sólo había pasado que encendimos el rastreador.
Con las tres o con una, esto sigue valiendo: las series no sirven para medir tendencias a corto plazo, porque miden en parte el ritmo de la prensa. Y hay una cuarta fecha que no se usa para nada de esto: la de registro en la web, que es la del filtro del mismo nombre y contesta a otra pregunta — cuándo entró aquí, no cuándo ocurrió.
Un detalle que parece técnico y no lo es: cuando el año no aparece en ninguna parte del artículo, el suceso se guarda sin fecha en vez de con la que un modelo consideraría probable. Ese cambio se hizo después de encontrar una noticia de enero de 2026 fechada en 2023.
Las coordenadas públicas van redondeadas a unos 100 metros. Un mapa de sucesos con precisión de portal es un mapa de domicilios, y el valor de situar un caso en su calle exacta no compensa eso. El municipio, en cambio, se resuelve por coordenadas contra los límites del IGN y nunca por el nombre del lugar: ese texto lo escribe un geocodificador y mezcla municipios, comarcas y comunidades autónomas.
Cada porcentaje del sitio se divide entre una cosa distinta. Mezclarlos produce frases que suenan bien y no significan nada.
| Cifra | Se divide entre | Lo que NO dice |
|---|---|---|
| Índice de Opacidad | Las noticias de ese medio cuyo artículo completo se pudo descargar | Nada sobre criminalidad. Mide comportamiento editorial: con qué frecuencia ese medio publica el origen del autor cuando escribe sobre un suceso. |
| Léxico | Las noticias de ese medio en las que aparece al menos un término de la lista cerrada | No afirma que el término designe al agresor: cuenta que aparece en el texto, y enseña la frase literal para que se pueda comprobar caso a caso. |
| Casos por 100.000 habitantes | El padrón del INE del año del suceso, por municipio | No corrige turismo, población flotante ni a quien trabaja en un municipio y duerme en otro. En una ciudad que multiplica su población de día, el denominador se queda corto. |
| Coropleto del mapa | El padrón, pero sobre los sucesos que pasan los filtros que tengas puestos y la ventana de fechas que tengas puesta | No es una tasa anual comparable con las estadísticas oficiales. Con la ventana por defecto —siete días— las cifras son pequeñísimas por construcción. |
Es la cifra más discutible del sitio y por eso es la que va más explicada. Cuenta, por cada medio, en qué porcentaje de sus sucesos no consta el origen del autor. Tres decisiones lo hacen defendible, y las tres se pueden discutir:
Los umbrales de este párrafo no están escritos a mano aquí: se leen del mismo módulo que los aplica, para que esta página no pueda quedarse contando un método que ya cambió.
No se publica tasa de un municipio de menos de 2.000 habitantes: un suceso en un pueblo de 800 da 125 por 100.000 y encabeza cualquier ranking sin decir nada. Y un medio no entra en el léxico hasta las 20 noticias analizadas, porque comparar el lenguaje de un medio del que hay cuatro noticias con el de otro del que hay mil no compara medios: compara tamaños de muestra.
Cuando falta el padrón del año del suceso se acepta el de hasta 3 años antes. Más atrás, no: se da el número absoluto y se dice que lo es.
Tres reglas de dibujo que no son estéticas.
Un municipio sin ningún suceso se queda sin relleno. Un municipio con sucesos pero sin denominador fiable —por debajo del suelo de población— se pinta en gris, que no es un tono más de la escala. Son dos ausencias distintas: «aquí no ha pasado nada» y «aquí ha pasado algo y su tasa no significaría nada». Pintarlas igual sería mentir justo donde este mapa no puede permitírselo.
El contorno sí lo llevan todos, siempre. Sin él, encender la capa un día flojo no cambia nada en pantalla y parece que el botón está roto.
No se recalcula con lo que hay en pantalla. Una escala por cuantiles de lo visible hace que el mismo municipio cambie de color al arrastrar el mapa, y entonces el color deja de significar nada fuera de esa pantalla concreta. Los cinco tramos y sus cortes exactos van escritos en la leyenda del propio mapa, para que cualquiera pueda comprobar por qué un municipio está del color que está.
Los cortes de la tasa son logarítmicos: la magnitud se reparte muy torcida, y con cortes lineales el interruptor «por 100.000» no cambiaba nada visible en la ventana de siete días de la portada — justo en la vista con la que entra todo el mundo.
El control de evolución temporal arranca donde empieza el grueso del archivo, no en el suceso más viejo. Es una decisión de escala, y va dicha: de vez en cuando un medio publica sobre un caso histórico —el más antiguo registrado es de 1905— y con el eje de extremo a extremo el 83% de los sucesos caía en un solo tramo. Se recorta lo mínimo que hace falta para que la línea se pueda leer, y los que quedan por delante no desaparecen: siguen en el mapa, se suman en la primera barra —que va rayada por eso— y su número está escrito al pie del eje.
Los puntos son rojo–ámbar–verde por gravedad. La capa de municipios va en morado porque habla de otra cosa: cuánto, no cómo de grave.
Con su dirección, que es la parte útil: saber que hay un sesgo no sirve de nada si no se sabe hacia dónde tuerce.
Un homicidio es noticia siempre; un hurto, casi nunca. Cualquier reparto por tipología de este sitio describe la agenda de la prensa tanto como los hechos. No hay corrección posible: hay que leerlo sabiéndolo.
Cuando un medio devuelve un 403, sus sucesos suelen quedarse sin texto completo, y ésos no entran en el Índice de Opacidad. El índice describe, por tanto, a los medios que se dejan leer. Es el sesgo menos intuitivo del sitio, y va en dirección contraria a la que suele suponerse.
Es la decisión más discrecional que hay aquí. Por eso el catálogo entero —con su tipo, su país y cuántos sucesos ha aportado cada uno— se publica en transparencia, y cualquiera puede proponer altas y bajas en propuestas.
Una provincia con tres diarios digitales activos produce más puntos que otra con uno, a igualdad de hechos. Dividir por población corrige el tamaño de la ciudad; no corrige esto.
El mapa arranca mostrando la última semana. Las tasas que se ven ahí son de esa semana, no anuales, y no se pueden comparar sin más con las estadísticas del Ministerio del Interior.
Un suceso aportado por una persona con un enlace público vale como noticia, porque la fuente es la misma noticia. Sin enlace, la confianza que se le asigna depende del nivel de verificación de quien lo trae, y ese número va en la ficha del suceso.
Desde septiembre de 2026 hay una segunda vía: cualquiera con una cuenta verificada puede decir «yo también lo vi» en la ficha de un suceso aportado por una persona. Solo ahí: las noticias que recoge el rastreador no llevan avales ni los necesitan, porque su respaldo es el artículo del medio y cualquiera puede abrirlo. Cada aval suma lo que pesa el nivel de verificación de quien lo firma —y ese peso se congela el día que se da—, hasta que el caso queda confirmado. La ficha enseña las dos mitades por separado, y nunca sumadas en un único número: lo que respalda un documento y lo que respalda la gente no son lo mismo. Nadie puede avalar lo que él mismo publicó, y solo avala quien ya tenía cuenta antes de que el suceso se publicara aquí, que es lo que impide confirmar la propia noticia abriendo cuentas nuevas.
Un ejemplo real, porque una lista de salvaguardas sin un fallo contado al lado no vale nada. En agosto de 2026 se detectó que la instrucción que reparte cada origen entre víctima y agresor era ambigua, y una parte del archivo tenía orígenes en la casilla equivocada. No se corrigió a mano ni se dejó estar: se reescribió la regla —ahora dice explícitamente que hay que mirar quién hizo el hecho y quién lo sufrió, y que ante la duda las dos casillas van vacías— y se recargó el archivo entero desde cero con el extractor corregido.
La corrección que aún falta, y que está en la lista de lo pendiente: guardar la cita literal de la que sale cada dato y enseñarla junto al dato, con un botón para impugnarlo. Con eso puesto, un error así no habría podido pasar desapercibido; hoy depende de que alguien lo mire.
La parte que casi ningún sitio publica. Si estas mediciones salen así, la tesis de este sitio está mal, y hay que decirlo aquí.
La tesis: los medios no omiten el origen por igual, sino más en unos casos que en otros.
Lo que hoy se mide no lo demuestra: el Índice de Opacidad cuenta con qué frecuencia falta el dato y, por definición, no puede saber cuál era el dato que falta. Una tasa alta de omisión es perfectamente compatible con una política editorial uniforme.
La medición que lo decide, y que se puede hacer con datos que ya están guardados: los sucesos que cubrieron varios medios. Ahí un medio publica el origen y otro no sobre el mismo hecho, así que el dato omitido se conoce. Si al agrupar esos casos resulta que la probabilidad de que un medio omita el origen no depende de cuál sea ese origen —dentro del margen de una muestra suficiente—, entonces no hay omisión selectiva sino una norma de estilo aplicada por igual, y el argumento central de este sitio se cae.
Estado: no medido todavía. Se publicará el resultado salga como salga, con su muestra y su método.
La tesis: hay concentraciones que no se explican sólo por dónde vive más gente.
La medición: es exactamente para lo que está el interruptor «por 100.000 habitantes» de la portada. Si al pasar de números absolutos a tasa el orden de los territorios se mantuviera —es decir, si el mapa de sucesos fuera sólo un mapa de densidad de población—, entonces cualquier lectura territorial de este sitio sobra, y las fichas de lugar deberían dejar de existir.
Está publicado y cualquiera puede comprobarlo hoy: es un clic en el mapa, y los dos órdenes se ven también en las fichas de municipio.
La medición: tomar una muestra aleatoria de sucesos publicados, leer el artículo original y comparar campo por campo. Si la tasa de error en el campo de origen superara el 5%, ninguna cifra agregada que dependa de ese campo se sostiene: habría que retirar el Índice de Opacidad y las fichas de origen hasta corregir la extracción, no matizarlos con una nota al pie.
Estado: no medido todavía. Exige revisión manual, así que es lento y no se puede automatizar sin caer en la trampa de auditar un modelo con otro modelo.
Conviene decirlo con la misma claridad, porque es la objeción que llega primero y no es la buena: un caso mal recogido no desmiente un patrón, igual que un caso bien recogido no lo demuestra. Un suceso que resultó ser falso, un desmentido posterior o una absolución corrigen ese caso —y deben corregirlo, y salir de las estadísticas— pero no dicen nada sobre las condiciones de arriba. Lo que se discute aquí son agregados, y un agregado sólo se refuta con otro agregado.
Esta página explica el método. Los números vivos están en estas cuatro, y se enlazan en vez de copiarse aquí para que no puedan divergir.