Una mujer aceptó 20 años de cárcel por maltratar a su madre de 82 años, que murió por sus abusos, mientras su pareja también es acusado de maltrato habitual al hijo de ambos.
Las copias están en archive.org, que no controlamos nosotros: si mañana el medio retira o reescribe la noticia, esa copia sigue ahí y cualquiera puede comprobarla sin fiarse de este sitio.
Los datos de esta ficha no los ha escrito una persona: los extrajo un modelo de lenguaje del texto de la noticia. Aquí está la frase exacta de la que salió cada uno, comprobada contra el artículo: si la frase no aparecía literalmente en él, no se guarda. Y si algo no cuadra, se dice aquí mismo.
Un matrimonio, natural de Senegal y residente en Asturias, está acusado de infligir maltrato a su hijo desde que tenía seis años hasta que cumplió los 13.Leerlo en eldiario.es →
condenar a la madre, de 40 años, a una pena de dos años y nueve meses de prisión como responsable de sendos delitos de maltrato habitual en el ámbito familiar y maltrato, y al padre, de 43 años, a una pena de dos años de cárcel como presunto autor de un delito de maltrato.Leerlo en eldiario.es →
cuando propinó a su hijo -cuando ya tenía cumplidos 13 años- varios golpes con una escoba tras discutir con él por una nota del colegio.Leerlo en eldiario.es →
Una impugnación no cambia nada por sí sola: la lee una persona y, si tiene razón, la corrección queda registrada aquí abajo con su fecha. Para enviarla hace falta una cuenta.
Guardamos el titular de cada noticia el día que la recogimos y volvemos a mirarla al día siguiente, a la semana y al mes. Esto es lo que ha pasado desde entonces, tal cual.
Sin cambios en el titular desde el 30/08/2026: «Golpes a escobazos, baños de agua fría y en ayunas: la Fiscalía de Asturias pide cárcel para unos padres por maltrato».
Un titular puede cambiar por una errata, por una corrección o por posicionamiento. Aquí no se dice por qué cambió: se enseña qué decía antes y qué dice ahora.
Esta ficha es un punto del mapa. El sentido del proyecto está en verlos todos a la vez: cuántos son, dónde caen y quién los cuenta.
Para impugnar un dato hace falta una cuenta. No es por ponértelo difícil: si dejamos que se envíe sin nombre, no hay a quién repreguntar cuando la corrección no está clara, ni forma de contestarte cuando tienes razón.
Lo lee una persona. Si el dato está mal, la corrección aparece en el historial de esta misma ficha; y si tu aviso se publica —con tu nombre de usuario y lo que escribas aquí— será junto a la respuesta de por qué tenías razón o por qué no.